El Sexo mas Sucio de mi Vida

El sexø más sucio de mi vida Sí, él ha sido quién destapó lo que soy, con él he tenido el sexø más sucio de mi vida, me declaro ser una mujer que piensa mucho en sexø, en su sexø, en su virilidad queriendo entrar en mi cuerpo. Me fascina cuando me folla duro sin dejar de mirar mis ojos, es como si la ternura saliera a disfrutar de lo salvaje de sus manos en mis nªlgªs, de mis gemidos en la habitación. Ha sido el sexø más sucio porque aprendí a cøger como una gran putª, esa que le gusta a él, y por encima de todo me encanta a mí. Ha sido sucio porque sabe que lo quiero, pero le imploro que me apriete, que se pierda entre mis piernas y se aferre a mis caderas. Es tan sucio porque hablamos como somos, puedo quedarme mirando su cuerpo sobre la cama sin decirle nada, pero sabe que en la mente estoy revolcándome nuevamente con él. Él es eso que me gusta ver con ropa y tocarlo encima de ella, provocarlo, besar su mejilla y terminar con la legua jugando con la suya, disfruto tanto ir quitando los botones de su camisa, de su pantalón. Mi lengua es muy inquieta, busca bajar lentamente por todo su pecho y perderse completamente en lo delicioso de su humedad. ¡Esa libertad carajo! De andar caminando delante de sus ojos y sentir su deseo, de exhibir mi piel con hoyuelos, y para él ser tan sexy mientras estoy delante del espejo, escuchar cómo se mete a la bañera y sigue hablando de lo exquisita que me veo con esa lencería. He tenido los polvos mas sucios y deliciosos con él, moverse, jadear, mirar el cuerpo como es, escurrir, lamer, hablar, suspirar, mirar, solo algunos verbos que uno usa al follar, lo más sucio, lo más vulgar que siento, lo más íntimo que tenemos, hablar, sentir, tomarnos de las manos cuando el orgasmos va a llegar, esa extraña manía de llamarlo sólo sexo cuando te tiembla el cuerpo y sientes que la felicidad se escurre, que ese charco de semen en tu vientre es la conexión divina que junta su boca a la tuya. Con él tengo lo que con nadie más, no sé qué sigue, ni como me llamo cuando estoy montada en sus muslos, tampoco sé de mi edad pero me siento plena, radiante, puedo decirle que no lo extraño pero cuando se cruzan nuestras pupilas sabe que le acabo de decir la peor mentira. Sé que esto dura el trayecto de un parpadeo, pero ese poco lleva varios años sucediendo y cada vez más fuerte, quizá lo delicioso de esto es que no lo hemos planeado, con él tengo el sexo más sucio, porque no sólo nos desvestimos para cøger, nos desnudamos para volvernos a encontrar.

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